dimecres, 24 d’octubre del 2007

El mon canvia?

Una corona es como el casco de un guardia. Hasta cuando a uno se lo quitan, sigue estando en la cabeza.

Creen que quieren un buen gobierno y justicia para todos, Vimes, pero ¿qué es lo que ansían en realidad, en el fondo de sus corazones? Solamente que las cosas sigan yendo como siempre, y que mañana sea más o menos igual que hoy

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Terry Prattchet. Pies de barro.2006

diumenge, 21 d’octubre del 2007

Emprendedors...

"Si quieres ser emprendedor, crea como un dios; lidera como un rey y trabaja como un esclavo... Y cásate con una mujer con sueldo fijo".

Quién fue la primera emprendedora de nuestra historia?
¿?
¡La reina Isabel! ¡Conquistar América fue toda una empresa! ¿Y cuál era el trato?
¿? "Mira, Colón: te daré la mitad para ti y la mitad para mí". ¿Y qué dijo Colón para convencer a todo su equipo?
¿? "¡De mi mitad, la mitad para vosotros!".
Me temo que fue algo más complejo... ¡Es la esencia de la innovación! Nueva tecnología: Colón conocía nuevos sistemas de navegación y nuevos mapas, exactos o no; había un capital inicial que puso la reina - dicen que vendió sus joyas-, pero, sobre todo, se repartieron el riesgo y las posibles ganancias.
Capital y riesgo: pacto y reparto.
¡Exacto! Para ganar hay que saber repartir.
Aquí repartir es sinónimo de perder.
Ya sé que aquí en España no suelen repartir acciones entre todos los empleados. No es habitual.
Entonces ¿por qué va a esforzarse ningún empleado en trabajar más y mejor si gane o pierda la empresa él va a ganar el mismo sueldo? ¿Se esforzaría el empresario si ganara lo mismo fuera la empresa bien o mal?
Se supone que si la empresa va mal, tu puesto de trabajo peligra. Si tu empleo peligra, es mejor largarse, pero tú sólo trabajarás más y mejor si tu retribución también crece o disminuye en función de resultados. Es el abecé de la innovación.
Dicen que Bill Gates ha repartido mucho más de lo que ha ganado. Los grandes emprendedores han triunfado porque sabían repartir riesgos y ganancias con su equipo. Y ésa es la tragedia de la función pública: ¿para qué esforzarte en hacer bien tu trabajo si cobras lo mismo?
¿Por la íntima satisfacción del deber cumplido? ¿Por amor a tu profesión?
Hablo en serio.
Vale.
No hay historia de éxito en América que no empiece y acabe con reparto. Cuando me enviaron a la sede europea de mi compañía, Aspen, en Bruselas, que no acababa de despegar, vine dispuesto a repartir: más responsabilidades y más trabajo para todos, pero también más gratificación si las cosas mejoraban.
¿Y qué pasó?
Era una empresa de software para la industria química y los ingenieros químicos belgas no eran amantes del riesgo: cuando les hablé de cobrar una parte en acciones en lugar de dinero torcieron el gesto y me dijeron que sus esposas los matarían si les decían eso.
¿Cómo los convenció?
Hablé con las esposas. Aceptaron el riesgo, porque vieron la posible ganancia y que ésta dependería de su esfuerzo. Después compré microondas y lavavajillas para cada oficina.
¿Para qué?
Porque tendrían que quedarse a cenar en el laboratorio más de una noche: nadie gana dinero en serio con semanas laborales de treinta y cinco horas.
¿Respondieron?
Por supuesto, porque desde la recepcionista hasta el mejor ingeniero se dieron cuenta de que tenían mucho que ganar si todos trabajaban más y mejor. Fuimos a bolsa y todos ganamos mucho, porque también repartimos mucho. Éramos un equipo, y eso es lo que enseño ahora en el MIT. No quiero estrellitas.
¿Cómo son los emprendedores que selecciona para su programa?
Mucha ambición y poco ego. No quiero empollones ni genios solitarios, sino jugadores de equipo: gente que sepa pasarse el balón para que también otros puedan meter los goles.
¿Otras virtudes del buen emprendedor?
Pasión por su empresa, persistencia y saber escuchar. Ser diferente.
¿En qué sentido?
Al emprendedor le preocupa su libertad tanto como el dinero: no espera a que le den órdenes. Y si se las dan, las interpreta a su manera.
¿Usted es así?
Definitivamente, sí. Si me dan una orden directa, la interpreto como opcional. Tengo la virtud, no obstante, de acertar con mi interpretación de la orden y de saber rectificar cuando meto la pata. Si no, hace tiempo que ya no sería emprendedor de nada.
¿Quiénes son los mejores emprendedores de su programa?
Las mujeres de Oriente Medio: de Arabia Saudí, Bahrein, Kuwait. Para llegar al MIT han tenido que luchar como leonas. Sólo volverán a casa como ganadoras. Y siguen luchando.
Deme un ejemplo.
La ministra de Industria de los Emiratos Árabes Unidos es Sheika Lubna, fue alumna mía: diseñamos el plan de negocio que luego transformó en la empresa que informatizó el gigantesco puerto de Dubai.
Buena alumna.
¡Y había nacido en una tienda de pastores nómadas en el desierto!
¿El bienestar te resta ambición?
Al contrario, Suecia o Finlandia tienen excelentes estados de bienestar, pero también grandes emprendedores: y no sólo en Ikea o Nokia. Un buen Estado de bienestar te permite asumir riesgos sin temor a la indigencia.
¿Y en España?
En Boston creas una empresa en veinte minutos con veinte dólares. En España, para empezar, necesitas un gestor.

http://www.tribuna.santcugat.cat/files/4468-97-fitxer/EOI.pdf

Kenneth Morse. La Vanguardia. La contra. 2007

diumenge, 14 d’octubre del 2007

Naufragios de parejas

Decálogo de alarma de naufragio en la pareja:

1º Pérdida de la atracción y el interés sexual por el compañero o compañera: es uno de los primeros signos de alarma. A veces puede ser cierto que el estrés que acumulamos por el ajetreo de vida que llevamos pueda justificar ese desinterés, sin que ello signifique alarma ninguna, pero si nos abandonamos a ese desinterés, más tarde o más temprano, la relación sufrirá y se agotará.

2º Disminución de espacios lúdicos comunes en privado y con otros: La pérdida de actividades de ocio compartido es otro parámetro de medida de que algo no funciona.

3º Disminución de los tiempos de intimidad. Me refiero de intimidad de cada uno de los miembros para si mismo, él/ella en soledad y en privado. Esos espacios propios son necesarios e irrenunciables. Una pareja no es una vivencia de simbiosis ni de dependencia. Es una relación elegida libremente desde cada uno de los miembros para compartir la vida. Si no hay una vida propia de cada par ¿qué habrá para compartir?

4º Vivencia de la relación cómo una rutina –en el mejor de los casos- y cómo una repetición obligatoria e ineludible de ritos que han perdido el sentido y que se llevan a cabo con desgana y asqueo, en el peor de los casos.

5º Notoria facilidad para encontrar cualquier pretexto de huida más importante que el prestarle atención y tiempo a la pareja.

6º Constante y extraña sensación de no ser comprendidos por nuestra pareja.

7º Disminución de diálogo y comunicación. Qué no es ni se trata de hablar por hablar, pero sí de comunicar cosas de uno mismo al otro y viceversa. Esto unido a vivir los silencios cómo si fueran toneladas de losas y con ansiedad, en lugar de vivirlos como pausas de riqueza amena, debería ser de lo más alarmante.

8º Colgarse de los deseos del otro esperando que sea siempre el otro quien proponga, disponga, etcétera, con ausencia de propuestas y alternativas propias. No jugársela con el propio deseo y dedicarse al juego de los adivinos es de muy mal pronóstico.

9º Instalarse en el relato perenne de los males y defectos del otro, y parapetarse en la queja eterna de los daños que el otro nos inflinge. A esto lo denomino yo el juego de la santidad, y es de tan mal pronóstico como el anterior.

10º Tornarse trabajólico o trabajólica, y preferir “cortejar” a las horas extras impagadas, antes que a la convivencia con la pareja. Esto es doblemente nocivo, ya que no sólo naufragará la pareja, sino que los jefes de quien adopten conductas de este tipo verán encantados que cuentan con nuevos esclavos voluntarios y gratuitos. Pero nada es gratuito en la vida, y la situación pasará una factura demasiado elevada a la economía anímica de quien caiga en esta trampa.

¡Qué tengan un buen día y –si ven que pueden naufragar- recuerden que pedir ayuda profesional logra en la mayoría de los casos, llevar el barco a buen puerto!.

Carmen Moreno Martín y Alias Hannah

Una altra productivitat

No respondas llamadas que no reconoces.
No hagas del e-mail tu primera tarea del día ni la última de la noche.
No acuerdes reuniones o llamadas en las que no haya un tema claro y una duración determinada.
No permitas que la gente divague de manera inacabable.
No consultes constantemente el e-mail, hazlo a determinadas horas sólo.
No te "sobre-comuniques" con clientes que proporcionen bajo beneficio y exijan una elevada atención o mantenimiento.
No trabajes más para paliar la sensación de desbordamiento. PRIORIZA. (Fundamental, la clave para que la pyme avance)
No lleves contigo el móvil o la Blackberry 24 horas al día todos los días. Establece tiempos en los que ser libre de este tipo de dispositivos.
No esperes que trabajar llene un hueco que debería estar ocupado por relaciones y actividades que no tienen que ver con tu negocio.
Tim Ferriss, La semana de trabajo de cuatro horas.