dilluns, 18 de gener del 2010

Justicia...


"Si la única herramienta que tiene es un martillo, pensará que cada problema que surge es un clavo."
Mark Twain

"Un hombre que tiene un alma hermosa tiene siempre cosas hermosas que decir; pero un hombre que dice cosas hermosas no tiene necesariamente el alma hermosa."
Confucio

"Cuando un hombre pide justicia es que quiere que le den la razón."
Santiago Rusiñol i Prats

diumenge, 10 de gener del 2010

Esperança

Es la esperanza esa cosa con plumas con plumas
que se posa en el alma,
y sin palabras su canción entona
y nunca se calla,

y más dulce se escucha en el vendaval;
y poderosa ha de ser la tormenta
que pueda abatir al pequeño pajarito
que a tantos abrigó.

Lo he escuchado en las tierras más frías,
y en los mares más extraños;
mas nunca en la penuria
me pidió una migaja.

Emily Dickinson. (1830 - 1886). La esperanza, esa cosa con plumas

Si

Si puedes conservar la cabeza cuando a tu alrededor
todos la pierden y te echan la culpa;
si puedes confiar en tí mismo cuando los demás dudan de tí,
pero al mismo tiempo tienes en cuenta su duda;
si puedes esperar y no cansarte de la espera,
o siendo engañado por los que te rodean, no pagar con mentiras,
o siendo odiado no dar cabida al odio,
y no obstante no parecer demasiado bueno, ni hablar con demasiada sabiduria...

Si puedes soñar y no dejar que los sueños te dominen;
si puedes pensar y no hacer de los pensamientos tu objetivo;
si puedes encontrarte con el triunfo y el fracaso (desastre)
y tratar a estos dos impostores de la misma manera;
si puedes soportar el escuchar la verdad que has dicho:
tergiversada por bribones para hacer una trampa para los necios,
o contemplar destrozadas las cosas a las que habías dedicado tu vida
y agacharte y reconstruirlas con las herramientas desgastadas...

Si puedes hacer un hato con todos tus triunfos
y arriesgarlo todo de una vez a una sola carta,
y perder, y comenzar de nuevo por el principio
y no dejar de escapar nunca una palabra sobre tu pérdida;
y si puedes obligar a tu corazón, a tus nervios y a tus músculos
a servirte en tu camino mucho después de que hayan perdido su fuerza,
excepto La Voluntad que les dice "!Continuad!".

Si puedes hablar con la multitud y perseverar en la virtud
o caminar entre Reyes y no cambiar tu manera de ser;
si ni los enemigos ni los buenos amigos pueden dañarte,
si todos los hombres cuentan contigo pero ninguno demasiado;
si puedes emplear el inexorable minuto
recorriendo una distancia que valga los sesenta segundos
tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
y lo que es más, serás un hombre, hijo mío.


Rudyard Kipling. 1895. Si

divendres, 8 de gener del 2010

Perdonarla?... perdonarme!

- Es pronto todavía. Per cabe la posibilidad de que la perdone dentro de poco. Confio en tener piedad de ella pronto. De todos modos, he estado pensando en el pasado, y me ha surgido una pregunta: si yo tenía algún enemigo además de lady Russell. Y era yo mismo. Dime una cosa: si cuando volví de Inglaterra el año ocho, (...) te hubiera escrito, ¿habrías contestado mi carta?
- Si - fue toda la respuesta de Anne, pero el tono con que lo dijo no dejaba lugar a dudas.
- Dios mio! - exclamó él -. Dices que sí! Y la verdad es que lo pensé, que hasta quise hacerlo, pues... ¿que otra cosa podía coronar mis éxitos? Fui demasiado orgulloso, demasiado orgulloso para pedírtelo. No te comprendí. Cerré los ojos y me negué a comprenderte o a hacerte justicia. Este recuerdo me advierte de que debería perdonar a todo el mundo excepto a mí mismo. Podríamos habernos evitado seis años de separación y sufrimiento. Es también una especie de dolor que me resulta nuevo. Me acostumbré a pensar con satisfacción que me ganaba toda la felicidad de que disfrutaba. Estimaba que a mis legítimos afanes les correspondía su justa recompensa. Igual que otros grandes hombres con los reveses - y añadió, con una sonrisa-: Ahora debo esforzarme por inclinar mi razón ante mi suerte. Debo aprender a admitir que soy más feliz de lo que merezco.

Jane Austen. 1816. Persuasión

Voluntat o resolució

Allí aprendió a distinguir entre la firmeza de principios y la obstinación de la propia volunad, entre el atrevimiento de la imprudencia y la resolución de una mente serena. Allí todo lo sucedido encumbró en su estimación a la mujer que había perdido y allí empezó a detestar el orgullo, el atolondramiento, la locura del rencor, que le impedían tratar de reconquistarla tras aparecer de
nuevo en su camino.

Jane Austen. 1816. Persuasión