diumenge, 20 de febrer del 2011

Extrems



Nunca he abrigado el deseo de acabar con la pobreza o salvar a mujeres caídas. Desconfío profundamente, siempre ha sido así, de quienes quieren hacer estas cosas: por regla general hacen más mal que bien y, a tenor de mi experiencia, su deseo de poder, de controlar a los demás, es mucho mayor que el de cualquier hombre de negocios.

Iain Pears. 2009. La caída de John Stone.

dilluns, 14 de febrer del 2011

Intolerable

A don Alejo Carpentier no lo conozco. Alguna vez tendré que verlo. Tengo que decirle:

- Mire, don Alejo, yo creo que usted nunca ha de haber oído hablar del Mingo Ferreira. Él es un compatriota mío que dibuja con gracia y con drama. Me acompañó durante años en las sucesivas aventuras de los diarios y las revistas y los libros. Trabajó a mi lado y algo supe de él, aunque poco. Él es un tipo sin palabras. Lo que a él le salen son dibujos, no palabras. Viene de Tacuarembó, es hijo de un zapatero; siempre fue pobre. 

Y decirle:
- En Montevideo, él se ligó varias prisiones y palizas. Una vez estuvo preso durante algunos meses, cerca de un año, creo, y cuando salió me contó que en el lugar donde estaban encerrados se podía leer en voz alta. Era un galpón inmundo. Los presos se amontonaban uno encima del otro, rodeados de fusiles, y no podían moverse ni para mear. Cada día uno de los presos se paraba y leía para todos. 

Yo quería contarle, don Alejo, que los presos quisieron leer El siglo de las luces y no pudieron. Los guardias dejaron entrar el libro, pero los presos no pudieron leerlo. Quiero decir: Lo empezaron varias veces y varias veces tuvieron que dejarlo. Usted les hacía sentir la lluvia y los olores violentos de la tierra y de la noche. Usted les llevaba al mar y el estrépito del oleaje rompiendo contra la quilla del buque y les mostraba el latido del cielo a la hora en que nace el día y ellos no podían seguir leyendo eso.

<< Días y noches de amor y de guerra>> EDUARDO GALEANO