diumenge, 14 d’octubre del 2007

Naufragios de parejas

Decálogo de alarma de naufragio en la pareja:

1º Pérdida de la atracción y el interés sexual por el compañero o compañera: es uno de los primeros signos de alarma. A veces puede ser cierto que el estrés que acumulamos por el ajetreo de vida que llevamos pueda justificar ese desinterés, sin que ello signifique alarma ninguna, pero si nos abandonamos a ese desinterés, más tarde o más temprano, la relación sufrirá y se agotará.

2º Disminución de espacios lúdicos comunes en privado y con otros: La pérdida de actividades de ocio compartido es otro parámetro de medida de que algo no funciona.

3º Disminución de los tiempos de intimidad. Me refiero de intimidad de cada uno de los miembros para si mismo, él/ella en soledad y en privado. Esos espacios propios son necesarios e irrenunciables. Una pareja no es una vivencia de simbiosis ni de dependencia. Es una relación elegida libremente desde cada uno de los miembros para compartir la vida. Si no hay una vida propia de cada par ¿qué habrá para compartir?

4º Vivencia de la relación cómo una rutina –en el mejor de los casos- y cómo una repetición obligatoria e ineludible de ritos que han perdido el sentido y que se llevan a cabo con desgana y asqueo, en el peor de los casos.

5º Notoria facilidad para encontrar cualquier pretexto de huida más importante que el prestarle atención y tiempo a la pareja.

6º Constante y extraña sensación de no ser comprendidos por nuestra pareja.

7º Disminución de diálogo y comunicación. Qué no es ni se trata de hablar por hablar, pero sí de comunicar cosas de uno mismo al otro y viceversa. Esto unido a vivir los silencios cómo si fueran toneladas de losas y con ansiedad, en lugar de vivirlos como pausas de riqueza amena, debería ser de lo más alarmante.

8º Colgarse de los deseos del otro esperando que sea siempre el otro quien proponga, disponga, etcétera, con ausencia de propuestas y alternativas propias. No jugársela con el propio deseo y dedicarse al juego de los adivinos es de muy mal pronóstico.

9º Instalarse en el relato perenne de los males y defectos del otro, y parapetarse en la queja eterna de los daños que el otro nos inflinge. A esto lo denomino yo el juego de la santidad, y es de tan mal pronóstico como el anterior.

10º Tornarse trabajólico o trabajólica, y preferir “cortejar” a las horas extras impagadas, antes que a la convivencia con la pareja. Esto es doblemente nocivo, ya que no sólo naufragará la pareja, sino que los jefes de quien adopten conductas de este tipo verán encantados que cuentan con nuevos esclavos voluntarios y gratuitos. Pero nada es gratuito en la vida, y la situación pasará una factura demasiado elevada a la economía anímica de quien caiga en esta trampa.

¡Qué tengan un buen día y –si ven que pueden naufragar- recuerden que pedir ayuda profesional logra en la mayoría de los casos, llevar el barco a buen puerto!.

Carmen Moreno Martín y Alias Hannah