dijous, 10 de gener del 2008

Convivencia o tropezar con las mismas piedras una y otra vez.

Durante año, se tragó las protestas. Cometían un error tras otro; Paul compraba ruinosos coches usados, ordenadores de segunda mano, y primeras ediciones carísimas de libros concargo a la targeta de crédito mientras dejaban sin pagar la factura telefónica. Limpiaba el suelo con una esponja parar platos. Pero Sara mantenía la calma. Por supuesto manifestaba sus opiniones, no era una panfila. Expresaba sus opiniones que eran educadas, tranquilas y sistemáticamente ignoradas.¿Pero que era lo que contaba en realidad? Montar una escena parecía inútil. Las discusiones con Paul no dejaban de girar sobre sí mismas, y aunque empezaran a causa de un desacuerdo menor siempre acababan siendo la repetición de alguna discusión anterior que apenas recordaban. El día en que Sara se puso a llorar a causa de una esponja sucia, se rindió por completo. No valía la pena.

En consecuencia Sara descubrió demasiado tarde la lección fundamental de la convivencia: que las pequeñas cosas se vuelven grandes tan imperceptiblemente que, antes de que te des cuenta, has renuciado a inmensos pedazos de tu vida. Sara se dió cuenta mientras empapaba una esponja en una solución de lejía y agua, y contemplaba la posibilidad de renunciar a un largamente deseado puesto de profesora en Nueva York, para seguir a Paul y su oportunidad a Francia. ¿Como había llegado a ser él lo más importante? Había llegado el momento de ponerse firme. Había cedido con las esponjas y de alguna manera había perdido Nueva York.

Así que se puso firme. Él estuvo de acuerdo. Respetó sus necesidades. Un milagro. Después se comprometieron. Y después por alguna razón, él pensó que ligarse significaba vivir en un rincón, y todo se vino abajo. Sin más.
Jennifer Vanderver. 2006. El proyecto Brontë.