Sé como un promontorio contra el cual vienen a estrellarse continuamente las olas del mar, siempre inmóvil, y a su alrededor la furia se hace impotente. ... Lo que acaba de suceder: ¿te impide quizás ser justo, magnánimo, sobrio, razonable, sereno en tus juicios, modesto, libre, y tener, en fin, todas aquellas virtudes que permiten a la naturaleza del individuo conseguir su objeto?
Marco Aurelio. (121-180). Pensamientos.
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