Allí aprendió a distinguir entre la firmeza de principios y la obstinación de la propia volunad, entre el atrevimiento de la imprudencia y la resolución de una mente serena. Allí todo lo sucedido encumbró en su estimación a la mujer que había perdido y allí empezó a detestar el orgullo, el atolondramiento, la locura del rencor, que le impedían tratar de reconquistarla tras aparecer de
nuevo en su camino.
Jane Austen. 1816. Persuasión
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