Las Brönte, el mundo imaginado
Una de las sirvientas que trabajó en la rectoria de su padre, una mujer mayor, de pelo recogido - gris plomizo en un moño, y manos blancas, delgadas, dijo una vez: Charlotte era la más inteligente; Emily, la más guapa; y Anne, la pequeña siempre.
Vivieron gran parte de su vida en una casa rodeada de paramos de un verde inapelable, por los que correteaban, ruidosas, inocentes, con sus faldas de vuelo y sus zapatos bajos, negros, casi invisibles. Había un palomar en el que todas las palomas que anidaban tenían nombre: Arcoiris, Diamante, Copo de Nieve... Y a veces, les basaba verlas brillar al sol, aleteando - la mano sobre la cara, haciendo sombra-, para reconocerlas. Allí, una tia soltera o solterona, gobernanta severa, se encargó de inculcar a las niñas el sentido del orden, el deber, la modestia: puntualidad, limpieza y el listado completo y exhaustivo de las buenas maneras.
Jesus Marchamalo y Damian Flores. 2009. 44 escritores de la literatura universal.
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