dimecres, 29 de desembre del 2010

La petjada

Seguí bajando la escalera frontal y miré tras de mí mis propias huellas, que rápidamente se transformaron en charcos de agua someros y con forma de pie. Ante mí se extendía la perfección. ¿Podría resistirlo? ¿Soportaría estropearla con mi presencia?
Sí, podía. Disfrutaría yo sola de ese regalo momentáneo - ese gran regalo del nuevo siglo - durante un minuto más, unos cuantos segundos preciosos, antes de que el bullicio y los gritos y las pisadas de los otros lo estropearan para siempre.
Jacqueline Kelly. 2009. La evolución de Calpurnia Tate