
Con tal de conseguir objetivos sexuales, las gentes están dispuestas a luchar, matar, violar, y a empeñar la fortuna, la salud, hasta la propia vida. El deseo sexual puede perseverar desafiando todos los peligros: las deformaciones de la gonorrea, la locura asociada con la sífilis, la comezón del herpes, las enfermedades cancerosas derivadas del SIDA.De no ser por el carácter intermitente del placer orgásmico, los apetitos sexules se impondrían fácilente a otras pulsiones y apetitos vitales, convirtiéndonos en auténticos yonquis del sexo. La selección natural ha hecho de la sobriedad la norma y de la eurforia la excepción. Para podernos enfrentar eficazmente al mundo exterior a nuestras mentes, es indispensable que sintamos dolor y angustia.
Font foto: http://hechiceradelbosque.blogspot.com/
Marvin Harris. 1989. Nuestra especie.
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