dissabte, 13 de desembre del 2008

Solapaments, redundàncies i complexitat

Los humanos modernos distan de ser los corredores más veloces del reino animal. Sin embargo, cuando se trata de cubrir distancias largas, los humanos tienen capacidad para dejar atrás a cualquier otro animal.
Disponer de un cerebro más grande permitía al erectus correr bajo el sol de mediodía, cuando la mayoría de los depredadores buscan la sombra y el agua, y se abstinen de cazar. Fialkowski basa su teoría en el supuesto de que, al sobrarle células al cerebro del erectus, disminuía la probabilidad de que sufriese daños por el calor generado en una carrera larga. Las células individuales del cerebro son más sensibles al calor que las de otros órganos. Cuando quedan dañadas, se produce desorientación cognoscitiva, convulsiones, apoplejía y, después, la muerte. Un principio bàsico de la teoría de la información sostiene que en un sistema de información con elementos propensos a la avería (com el cerebro humano), puede incrementarse la fiabilidad del sistema aumentando el número de elementos que realizan la misma función y el número de conexiones entre ellos.
También las focas, delfines y marsopas són celebres por sus cerebros descomunales y su intensa sociabilidad. El problema que tienen estas criaturas extremadamente activas no es el calor - el agua se encarga de eso-, sino la disminución de oxígeno en inmersión prolongada. Al igual que los corredores de fondo en tierra, los pinnípedos cuentan con redes de células cerebrales y circuitos duplicados a prueba de avería. Sin embargo, como los pinnípedos carecen de necesidades naturales que justifiquen la utilización de herramientas o la manipulación de objetos, su cerebro nunca emprendió la reorganización que tuvo lugar en la transición del erectus al sapiens.

Marvin Harris. 1989. Nuestra especie.